Para los que se han cambiado

¿Qué podemos hacer cuando lo que éramos antes ya no es lo que somos ahora?

(Cuando me diste el ácido, no te hubiera podido imaginar pintando didjeradues. Cuando no sabías qué opinar, cuando te aplacaste, nunca te imaginé abrazando ese campesino anciano, perdidos los dos en medio de la Sierra de Perijá. Y tú, que caíste en el pantano de los ricos, proteges animales. Nunca lo hubiera adivinado.)

Miren, ya no bailemos así. Es noche, ya no tenemos que entretener a los niños. Sentémonos a esperar y dejar que una calma desconocida nos invada. La alba del día ya no falta mucho, e imaginándola, formemos una imagen de la novedad, del futuro nuestro. Pero ustedes todavía no ponen atención.

Escuchen. Imaginemos que estuviéramos sentados en mi porche, descansando, fumando unos churros, dejando que fluyera el tiempo. Escucharíamos el zumbido de las abejas carpinteras escarbando hoyos gigantescos en las paredes de la casa que pago mensualmente. El sueño y la pesadilla se combinarán.

Ya dejen de criticar a los perros. El ruido que hacen las gallinas me estorba, me marea, me deja con la boca seca y las manos sudadas, arruinadas. Y pese al desastre, sumamente feliz. Dejen de burlarse de nuestras discapacidades. Dejen a las ratas la sustancia que éramos antes, no la machuquen, porque ya llegó una época más tétrica, un mundo menos acogedor.

¿Se acuerdan? Es la primera vez en años que nos hemos visto. El silencio nos hubiera matado si no fuera por nuestras visiones. Y por nuestros logros.

Pero siguen sin escucharme. Ahora no me vengan con que no les importa. No me vengan con que somos todos iguales. Quiero oír el chirrido de la cigarra, mientras nos acariciamos los pies en el suelo lodoso. Quiero que nuestros padres nos dejen a solas en el balcón para tomar botellas de tequila que compramos del Oxxo en la esquina. Y cuando vamos a la plaza, quiero que el sueño por fin se vuelva realidad. Los quiero cargar, cada uno arriba de mí, sobre los hombros, sobre la espalda. Sus líquidos escurridizos, sudor y secreciones, me alisarán el pelo, me suavizarán la piel, me dejarán aceitoso y orgulloso. Las columnas nos circundan.

¿Qué les puedo dar en cambio del sueño cumplido? Nada, desafortunadamente, nada. Sólo el saber que nos hemos cambiado, aunque no tengan la capacidad de aceptarlo.

Sé que ya se quieren ir. No se preocupen por mí. Seguirán todos vivos, activos, felices detrás de mis párpados. Donde quedarán hasta la iglesia se cae y el sol mata esta noche inconfundible.

No hay comentarios.: